Te quiero seguir

Publicado en por Ministerio de Predicación - Nueva Alianza

Sn. Mt. 9, 57-58 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza.»

 

A veces las respuestas del Maestro son desconcertantes, si las reflexionamos son profundas, y encontramos desafíos que nos confrontan, iluminando el abismo que hay entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Este pasaje muestra a alguien con una aparente disposición de seguir a Jesús, y ÉL, le hace ver que el camino no es fácil, que es necesario renunciar a nosotros mismos a nuestra comodidad, reconociendo que todo lo que necesitamos lo encontramos únicamente en Dios, que sí cuida de las zorras y las aves del cielo,  con mucha más razón lo hará con nosotros, pues cada uno vale la sangre de Cristo. El final del pasaje, es conmovedor, pues parece ser una solicitud de Jesús mismo, para que le ofrezcamos un lugar donde reclinar su cabeza… ¡que Dios tan hermoso y humilde es al que luchamos por seguir!, que nos pide con tanta delicadeza que lo amemos.

 

Hermana(o), seguir a Cristo, implica ofrecerle el lugar de privilegio en nuestro corazón, alma, mente, vida, cuerpo, familia, trabajo, servicio, etc., esto se logra en la medida en que confías en ÉL, pues conlleva renunciar a tu comodidad, al pecado, a tus deseos desordenados, a todo aquello que crees te da seguridad, es un vaciarte de ti mismo para llenarte de ÉL, así podremos ofrecer nuestro hombro para que el Cristo sufriente representado en cada persona, sea tu conyugue, hijo, hija, hermano, padre, madre, compañero de trabajo, hermanos de la comunidad, es decir todo necesitado de aliento, paz, consejo, atención, perdón, amor, etc.,  tenga donde reclinar su cabeza.

 

¿Qué lugar ocupa Cristo en tu vida?, ¿Estás conciente de lo que debes dejar para seguirlo?, ¿Crees posible encontrar lo que te ÉL te da, en otro lugar?, ¿Qué hombro le ofreces?

 

En la última cena, San Juan reclinó su cabeza sobre el pecho del Maestro, igualmente Jesús te lo ofrece cuando estas cansado y agobiado, basta que lo busques en la oración, eucaristía, lectura de la palabra,  servicio y tu comunidad.

 

San Pedro entendió que el camino no era fácil, pero que era el único que valia la pena seguir, por ello le respondió en Sn. Jn. 6, 68 ¨Señor, ¿donde quién vamos a ir?, Tú tienes palabras de vida eterna…”.

 

Que la Paz de Nuestro Señor Jesucristo este con tigo siempre.

 

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