¿Qué tienes en tus manos?

Publicado en por Ministerio de Predicación - Nueva Alianza

Sn. Jn. 6, 63 «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.  Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios

 

El presente pasaje pone en claro que creer y seguir a Cristo es posible por medio de una gracia especial concedida por el Padre, pues no se logra solo con nuestras fuerzas y capacidades meramente humanas, sino que requiere esa fuerza y fe dada por la lectura, meditación y reflexión de la palabra a la luz del Espíritu Santo, señor y dador de vida, recordemos que el Espíritu Santo lo concede el Padre a quien lo pide.


Hermana(o), en estos días en los cuales las cosas parecen ir de mal en peor, que las soluciones familiares, salud, económicas, laborales, de relaciones personales, etc., no las vemos concretizarse en nuestras vidas y que todo esto parece formar una inmensa muralla que obstaculiza constantemente nuestro progreso y Dios parece no escuchar, ante esta situación frustrante y desesperanzadora, lo único que tenemos en nuestras manos son las promesas de Dios y es posible que al igual que aquellos discípulos que después que vieron a Jesús caminar sobre las aguas, multiplicar los panes y de haberles hablado de la salvación y Eucaristía, digamos «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede soportarlo?», o peor aún que siguiendo el ejemplo de dichos discípulos abandonemos a Cristo…, pero en este punto debemos fijar nuestra mirada y atención en una de las grandes promesas de Cristo, el Espíritu Santo, esta fuerza de lo alto que hace brillar con la luz de Jesús, las demás promesas que están en nuestras manos,  esta fuerza espiritual y no carnal, nos mantiene firmes en la fe, nos da perseverancia, discernimiento, paz, consuelo, fortaleza, amor y nos lleva a comprender que las promesas han sido dadas por Dios, que ÉL ha empeñado su palabra en ello, a tal grado, que como muestra de su fidelidad envío a su hijo, y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, así pues esas promesas no son palabras vacías, sino palabras llenas de vida, es la vida de un Dios lo que las respalda…, las promesas de Dios que tenemos en nuestras manos son un tesoro divino, eterno y cierto, consideremoslas  cumplidas entonces, así cuando en nuestra oración Cristo nos pregunte «¿También vosotros queréis marcharos?»  podamos responder como Pedro «Señor, donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios .

 

¿Crees que lo que pasas es demasiado duro y ni Dios puede ayudarte?, ¿Qué respuesta das a Cristo cuando las circunstancias apremian y no ves salida?

 

Si te sientes agobiado, cansado de la luchar y de esperar algo que no llega, si crees que ya esperaste lo suficiente, tomate un momento y a la luz del Espíritu Santo, en oración contempla las promesas que Dios ha puesto en tus manos, están escritas en La Biblia, cree y contemplaras la Gloria de Dios.

 

Que la Paz de Nuestro Señor Jesucristo este con tigo siempre

 

Ministerio de Predicación

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